El artista, fallecido a los 74 años, construyó una carrera de casi seis décadas como cantante, humorista, actor y presentador. Su legado quedó plasmado en la balada, la televisión dominicana y personajes que forman parte de la memoria popular.
Santo Domingo, RD. La muerte de Raúl Grisanty, ocurrida el martes 14 de julio de 2026 a los 74 años, pone fin a una trayectoria artística de casi seis décadas en la que dejó huellas en la música, el humor, la televisión y el teatro dominicanos. Reconocido como «El Galán de la Canción», el veterano artista también conquistó al público con personajes humorísticos memorables y como uno de los animadores más populares de la televisión nacional.
Paradójicamente, apenas meses antes de su fallecimiento, Grisanty había reflexionado sobre el escaso reconocimiento que, a su juicio, reciben muchos artistas dominicanos en vida.
Durante una conversación con su hijo Raulito Grisanty en el programa Raulito Podcast, grabada en noviembre de 2025, lamentó que, pese a casi 60 años de carrera, nunca hubiera sido invitado a los Premios Soberano. Padre e hijo compartieron sus experiencias sobre la falta de reconocimiento institucional, recordando incluso que Raulito dejó de participar en la premiación tras un desacuerdo económico ocurrido en 2016.
El hombre que bautizó a Rubby Pérez
En esa misma entrevista, Raúl Grisanty reveló que fue él quien acuñó el sobrenombre de «La Voz Más Alta del Merengue» para Rubby Pérez, fallecido en abril de 2025.
Visiblemente emocionado, recordó el profundo impacto que le causó la muerte del merenguero y expresó su tristeza por el tratamiento que, según dijo, recibió su imagen tras el trágico suceso.
«Nunca lo dije públicamente hasta que Sergio Vargas contó que fui yo quien bautizó a Rubby con ese nombre», relató.
Del sueño de Grandes Ligas a los escenarios
Nacido el 14 de diciembre de 1951 en Manzanillo, Montecristi, Grisanty se trasladó junto a su familia a Santiago de los Caballeros cuando tenía 12 años.
Antes de descubrir su talento artístico, soñaba con convertirse en pelotero profesional e incluso esperaba ser firmado por la organización de los Piratas de Pittsburgh. Sin embargo, su destino cambió durante una serenata.
Su padre, Julio Grisanty, fundador de la big band Los Caballeros de Montecarlo, quedó sorprendido al escucharlo cantar y lo animó a dedicarse a la música si el béisbol no prosperaba.
Aquella sugerencia marcaría el inicio de una carrera artística que comenzó interpretando serenatas por apenas dos pesos.
El festival que cambió su vida
Con apenas 18 años participó en el Tercer Festival de la Canción Dominicana, organizado por Rafael Solano.
Interpretó el tema «Yo lo haré», escrito por su padre, utilizando el seudónimo «Morro», en honor a su natal Montecristi. Obtuvo el tercer lugar, resultado que abrió definitivamente las puertas de la industria musical.
Tras el certamen fue contratado para presentarse en La Cumbre del Mirador, en Plaza Naco. Lo que inicialmente sería un contrato de dos semanas terminó convirtiéndose en una temporada de 17 semanas compartiendo escenario con figuras como Olga Guillot, Lissette Álvarez y Charityn Goico.
«El Galán de la Canción»
En 1978 lanzó su primer álbum bajo la dirección musical y los arreglos de Manuel Tejada, mientras Lope Balaguer impulsó la grabación del proyecto.
El disco fue un éxito que consolidó su carrera y le valió el reconocimiento como Cantante del Año.
A lo largo de su trayectoria grabó cinco producciones discográficas, dejando canciones como:
- Cuando se acaba el amor
- Sin verte
- Se me hace tarde
- Enamorado de tu boca
- Nunca podrás decir que no te amé
Su elegante estilo interpretativo le ganó el sobrenombre de «El Galán de la Canción», convirtiéndose en uno de los baladistas más populares del país durante las décadas de 1970 y 1980.
El humor que conquistó la televisión
La década de los 80 marcó otra transformación en su carrera.
Con la llegada de Rahintel bajo la administración de Leonel Almonte, Grisanty se integró al equipo encabezado por Johnny Ventura, llegando incluso a conducir «El Show de Johnny Ventura» durante las giras internacionales del merenguero.
Poco después encontró otra faceta que lo convertiría en uno de los rostros más queridos de la televisión: el humor.
Junto a Ángel Muñiz protagonizó los programas «Telerejalo» y posteriormente «Teleloquera», donde alcanzó enorme popularidad gracias a la comedia «Los Gangster», uno de los segmentos humorísticos más recordados de la televisión dominicana.
También incursionó en el teatro con montajes como «Solano» y «El vuelo de la paloma», de Franklin Domínguez.
Cinco años al frente de «Caribe Show»
Más adelante asumió la conducción de «Caribe Show», por Radio Televisión Dominicana (RTVD), programa que compitió durante años por la audiencia con «El Show del Mediodía».
Durante cinco años fue una de las principales figuras del espacio, bajo la dirección de Adriano Rodríguez y George Rodríguez, consolidándose como uno de los animadores más versátiles de la televisión nacional.
En 1991 se radicó en Miami, donde permaneció varios años, hasta regresar al país en 2011 para retomar su carrera televisiva.
Su más reciente proyecto fue «Así es Raúl Grisanty TV», transmitido por Telemedios Canal 8.
Un legado que trasciende generaciones
Raúl Grisanty fue padre de cuatro hijos: Raulito Grisanty, Giannina Grisanty (La Gigi), Shantelle Grisanty y Ginny «Janecita» Grisanty, fallecida en 2022.
En 2024 enfrentó uno de los momentos más difíciles de su vida al sufrir un accidente cerebrovascular (ACV), del que logró recuperarse tras un prolongado tratamiento y el apoyo de su familia.
El artista falleció el 14 de julio de 2026 en su residencia del ensanche Piantini, en Santo Domingo. De acuerdo con sus familiares, se presume que sufrió un infarto mientras dormía, aunque será el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) el que determine oficialmente la causa de su muerte.
Con su partida, la República Dominicana despide a un artista integral que pasó del sueño de jugar béisbol profesional a convertirse en una de las figuras más queridas de la música, el humor y la televisión, dejando un legado que permanece vivo en la memoria de varias generaciones.
