«Rechazamos la estigmatización de una provincia construida por gente honesta y trabajadora».
Ocoa RD.- Hablar de San José de Ocoa es hablar de una tierra fértil, de montañas que alimentan al país, de ríos que dan vida y de una población que ha hecho del trabajo, el esfuerzo y la honestidad su principal carta de presentación. Es una provincia que ha sembrado mucho más que productos agrícolas: ha sembrado valores, talento y compromiso con el desarrollo nacional.
Sin embargo, en los últimos días se ha intentado reducir esa historia a una narrativa injusta que presenta a Ocoa como sinónimo de criminalidad. Se trata de una generalización peligrosa que desconoce la realidad de un pueblo y condena a miles de ciudadanos por las acciones de unos pocos.
Ocoa no es una provincia definida por el delito. Es una comunidad construida durante generaciones por agricultores, profesionales, comerciantes, educadores, emprendedores y servidores públicos que han contribuido significativamente al progreso de la República Dominicana. Su historia está escrita con esfuerzo, solidaridad, respeto por la ley y amor por la tierra.
Nadie puede negar que el narcotráfico constituye uno de los mayores desafíos que enfrenta el país. Pero también es una realidad que afecta a múltiples provincias y ciudades, sin distinguir fronteras geográficas ni estratos sociales. Pretender convertir a Ocoa en el rostro exclusivo de ese problema no solo resulta falso, sino profundamente injusto.
Quienes hayan visitado la provincia saben que allí predomina una cultura de trabajo, convivencia y respeto. Sus campos producen parte importante de los alimentos que consumen los dominicanos; su gente madruga para sembrar, cosechar y emprender; su creciente oferta ecoturística atrae visitantes que encuentran un pueblo hospitalario y orgulloso de sus raíces.
Eso no significa ignorar o minimizar los hechos delictivos cuando ocurren. Todo lo contrario. Los ocoeños son los primeros interesados en que cualquier estructura criminal sea investigada hasta las últimas consecuencias, que los responsables sean identificados y sometidos a la justicia y que el Estado actúe con firmeza para impedir que organizaciones delictivas intenten operar en su territorio.
Pero exigir justicia no puede convertirse en una excusa para desacreditar a toda una provincia. La responsabilidad penal es individual, nunca colectiva. La culpa pertenece a quienes cometen los delitos, no a las comunidades donde nacieron o donde decidieron operar.
Estigmatizar a Ocoa significa desconocer el sacrificio de generaciones enteras que han construido una provincia reconocida por su productividad agrícola, su riqueza natural y la calidad humana de su gente. Significa borrar el aporte de miles de ciudadanos honestos que todos los días trabajan para sacar adelante a sus familias y contribuir al desarrollo del país.
Defender el buen nombre de Ocoa no implica proteger a delincuentes ni justificar conductas ilícitas. Significa impedir que el comportamiento criminal de unos pocos manche el prestigio de una sociedad íntegra. Significa recordar que la identidad de un pueblo se construye con su historia, sus valores y su gente, no con titulares pasajeros.
San José de Ocoa seguirá siendo un jardín de producción, trabajo y esperanza. Una provincia que merece ser reconocida por lo que realmente representa: un ejemplo de esfuerzo, dignidad y compromiso con la República Dominicana.
