A sus 64 años, Espino de Marotta se convierte en la primera mujer en dirigir la vía interoceánica y asume el cargo con el desafío de garantizar el agua, enfrentar el cambio climático y mantener la competitividad del canal ante las tensiones geopolíticas.
PANAMÁ. – El Canal de Panamá abrió este lunes un nuevo capítulo en su historia con la llegada de Ilya Espino de Marotta a la administración de la vía interoceánica, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar el máximo cargo de una infraestructura considerada estratégica para el comercio mundial.
Ingeniera naval de 64 años, casada y madre de tres hijos, Espino llega a la posición después de más de cuatro décadas de trayectoria dentro del canal, donde pasó por distintas funciones técnicas, operativas y de dirección.
Su nombramiento no solo representa un cambio en el liderazgo de la institución. También constituye un reconocimiento al papel de las mujeres en posiciones de alta responsabilidad dentro de una industria históricamente dominada por hombres.
“Hoy, más que nunca, los panameños podemos comprobar que si bien el canal se ubica en Panamá, su negocio y competencia son globales”, afirmó Espino al asumir sus nuevas funciones.
La nueva administradora tendrá bajo su responsabilidad una vía que constituye uno de los principales motores de la economía panameña y que moviliza cerca del 3 % del comercio marítimo mundial.
El agua, su principal desafío
Uno de los primeros grandes retos de Espino será garantizar el suministro de agua necesario para mantener funcionando el canal y, al mismo tiempo, atender las necesidades de consumo de la población panameña.
Su prioridad será avanzar en la construcción de un embalse en el río Indio, dentro de la cuenca hidrográfica del canal, un proyecto estimado en 1,500 millones de dólares.
La obra busca garantizar agua para el consumo de aproximadamente la mitad de la población de Panamá y asegurar el recurso necesario para mantener las operaciones de la ruta interoceánica en el futuro.
Las autoridades esperan que el embalse esté terminado entre finales de 2031 y 2032.
El proyecto, sin embargo, no está exento de dificultades. Su ejecución contempla el reasentamiento de comunidades y la atención de aspectos ambientales, mientras algunos sectores han expresado oposición.
La urgencia del proyecto quedó demostrada durante períodos recientes de escasas lluvias, que obligaron al Canal de Panamá a limitar temporalmente la cantidad de buques que podían atravesar diariamente la ruta.
Para Espino, garantizar el agua no es únicamente una cuestión ambiental o de abastecimiento. También es una condición para preservar la confianza de las grandes empresas navieras.
Si los clientes consideran que el canal no tiene una solución sostenible para sus necesidades de agua, advirtió, podrían comenzar a buscar rutas alternativas para movilizar sus mercancías.
Una administradora frente a las tensiones de las grandes potencias
A los desafíos climáticos se suma otro escenario complejo: la creciente disputa geopolítica entre Estados Unidos y China.
Durante su etapa como subadministradora, Espino vivió de cerca las tensiones provocadas por las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre el Canal de Panamá.
Trump llegó a plantear la posibilidad de recuperar el control de la vía, alegando preocupaciones relacionadas con la influencia china y el tratamiento que, según él, recibían las empresas estadounidenses.
El canal tampoco ha quedado al margen de la disputa comercial entre Washington y Beijing, mientras la presencia de capitales chinos en infraestructuras vinculadas a la vía ha generado preocupación en Estados Unidos.
Espino, sin embargo, dejó claro que su responsabilidad será mantener al canal funcionando bajo principios de eficiencia, neutralidad y transparencia, mientras que los asuntos diplomáticos corresponden al Gobierno panameño.
La mujer detrás del casco rosado
El nuevo capítulo de la carrera de Espino está estrechamente ligado a uno de los proyectos de infraestructura más importantes de las últimas décadas: la ampliación del Canal de Panamá.
Espino tuvo un papel destacado en el proyecto que incorporó un tercer juego de esclusas para permitir el paso de buques de mayores dimensiones. La obra, inaugurada en 2016, tuvo un costo superior a 5,250 millones de dólares.
Durante ese proceso tuvo responsabilidades en áreas tan diversas como seguridad, medioambiente, documentación histórica y control de proyectos, además de enfrentar contratos complejos, arbitrajes, interrupciones de obras y negociaciones con compañías internacionales.
Esa experiencia terminó convirtiéndose en uno de los principales pilares de su carrera.
“Después que uno pasó un programa de ampliación, todo es posible”, recordó.
Su participación en la expansión también le abrió las puertas de escenarios internacionales. Fue invitada por la Real Academia de Ingeniería de Londres, participó en un panel junto al diseñador del Burj Khalifa y forma parte del jurado del Premio Reina Isabel de Ingeniería.
Pero hubo un elemento de su vestimenta que terminó convirtiéndose en parte de su historia.
Durante los trabajos de ampliación decidió utilizar un casco rosado, inicialmente como una manera de enviar un mensaje dentro del proyecto y responder a quienes dudaban de su capacidad para liderar una obra de semejante magnitud.
Con el tiempo, aquel casco se transformó en un símbolo de liderazgo femenino que trascendió las fronteras de Panamá.
“Eso mandó un mensaje al mundo”, recordó Espino.
Siete años para mantener el canal mirando al futuro
Ahora, desde el máximo cargo de la administración del Canal de Panamá, Espino tendrá aproximadamente siete años para enfrentar algunos de los desafíos más complejos de la vía: asegurar el recurso hídrico, adaptarse al cambio climático, garantizar la eficiencia de las operaciones y navegar en medio de un escenario internacional cada vez más competitivo.
Su llegada representa, además, una imagen poderosa para las nuevas generaciones: una mujer que pasó de portar un casco rosado en una de las mayores obras de ingeniería del continente a ponerse al frente de una vía por la que transita una parte estratégica del comercio mundial.
El reto ahora será demostrar que aquella frase que marcó su carrera sigue vigente: después de haber liderado la ampliación del canal, para Ilya Espino de Marotta, todo es posible.
